Cuando se habla de amianto, casi siempre pensamos en grandes cubiertas de uralita, bajantes antiguas o depósitos de agua. Sin embargo, existen pequeñas zonas dentro de una construcción que también pueden contener este material y que suelen pasar completamente desapercibidas.
Una de ellas es la llamada rebaba de amianto.
Muchas personas no saben qué es, dónde se encuentra ni por qué puede suponer un riesgo real durante una reforma o una simple reparación.
¿Qué es la rebaba de amianto?
En construcciones antiguas con placas de fibrocemento, la rebaba suele ser la zona de unión o remate entre las placas y otros elementos de la obra, como paredes, muros o encuentros de cubierta.
Es frecuente encontrarla en:
- uniones entre placas de uralita
- encuentros entre cubierta y pared
- remates laterales de tejados
- sellados antiguos
- bordes deteriorados
- restos adheridos entre estructuras
A simple vista puede parecer un simple resto de obra, una junta vieja o un material sin importancia, pero en muchos casos contiene fibrocemento con amianto o residuos contaminados por sus fibras.
El problema: casi nadie la identifica
El gran peligro de la rebaba de amianto es precisamente ese: pasa desapercibida.
Durante una reforma, muchas veces se retiran las placas principales, pero se dejan estos pequeños remates o se manipulan sin las medidas adecuadas.
También ocurre que albañiles, propietarios o comunidades de vecinos no saben que esa zona también puede contener amianto, y la rompen, lijan o retiran como si fuera un material convencional.
Ahí es donde aparece el verdadero riesgo.
¿Por qué puede ser peligrosa?
Cuando la rebaba está deteriorada, agrietada o se rompe, puede liberar fibras microscópicas de amianto al ambiente.
Estas fibras no se ven, no tienen olor y pueden permanecer suspendidas durante horas.
Si se inhalan, pueden llegar a los pulmones y generar problemas graves de salud a largo plazo.
Por eso el amianto no es peligroso solo cuando se ve claramente: también lo es en pequeños restos mal identificados.
Un error muy habitual en reformas
Uno de los fallos más comunes es pensar que, al retirar la cubierta principal, ya no queda amianto en la instalación.
Pero si no se revisan los encuentros con pared, los remates o los sellados antiguos, pueden quedar restos contaminantes o producirse manipulaciones peligrosas.
En este tipo de trabajos, lo pequeño también importa.
¿Cómo debe retirarse?
Nunca debe retirarse de forma particular ni durante una obra convencional.
La retirada debe realizarla una empresa especializada, inscrita en RERA y autorizada para la gestión de amianto, siguiendo protocolos estrictos de seguridad.
Esto incluye:
- identificación previa
- delimitación de la zona
- humectación del material
- protección individual homologada
- desmontaje sin roturas innecesarias
- embolsado y transporte autorizado
No se trata solo de retirar, sino de hacerlo sin generar exposición.
En Construmaex revisamos también lo que otros no ven
Una retirada segura no consiste únicamente en desmontar una gran cubierta.
También implica detectar esos pequeños puntos donde el amianto sigue presente y donde muchas veces empieza el verdadero problema.
La rebaba de amianto es uno de ellos.
Y conocer su existencia ya es el primer paso para evitar riesgos.





